POESÍAS GANADORAS DEL CERTAMEN DE POESÍA MARÍA ZAMBRANO.

13/03/2018

El primer premio ha sido para Francisco José Guerrero Cárdenas y el segundo ha sido para María del Rosario Zabala Pallarés.

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Mujer de la ventana

 

Me asomé a aquella ventana

y de nuevos sentada la vi,

pensando en su vida pasada

y en su forma de sentir.

 

Aquella mujer de pelo cano

que brillaba con los rayos del sol,

nació en plena posguerra

y también vivió la transición.

 

Fue su juventud dura,

llena de mucho trabajo;

para aquella mujer buena

nunca había descanso.

 

Ahora con más de ochenta primaveras,

con añoranza mira sus manos,

sus arrugas son las huellas,

huellas de años pasados.

 

Yo desde mi ventana la miro,

diciendo en qué pensará,

seguro que lo hará en su esposo,

al que nunca pudo olvidar.

 

!Cómo pasa la juguetona vida

y cuanto bueno nos da!

Debemos saber apreciarlo

y con cariño saberlo aceptar.

 

Y a ti mujer de la ventana,

mañana te volveré a ver,

para mirarme en el brillo de tus cabellos

y aprender de tu vejez

 

 

 

Francisco José Guerrero Cárdenas

 

  

 

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Abuela...y tu marisma?

 

 

 

Cierra tus ojos mi niña

que en los tuyos pondré los míos,

gotas acristaladas son tus mejillas,

cielo azul tu mirada,

terciopelo negro es tu cabello,

inocente tu voz callada,

cierra tus ojos mi niña

y te cuento cosas de mi marisma.

 

En sus aguas reflejo de azul cielo,

en el cielo un mosaico de vida,

cigüeñas majestuosas en el aire,

flamencos que colorean este lienzo,

moritos que alegran el horizonte,

polluelas que apresuran su escapada,

pongo mis ojos en los tuyos

y te cuento cosas de mi Marisma.

 

Esa marisma de antaño,

jornaleros de sol a sol,

familias que inundan gañanías,

almorrones que separan las aguas,

bestias que tiran con sus entrañas,

pies desnudos en el fango,

mujeres que bracean garbas,

secaderos de sol que no descansan.

 

Poblao de Queipo mi infancia,

San Rafael mi Patrón

testigo de mi primer beso,

Virgen del Carmen mi aliada,

abre tus ojos mi niña

que tu abuela está cansada

y la marisma se duerme callada, callada, callada…

 

 

 

María del Rosario Zabala Pallarés